Convirtiéndome la adrenalina en ser insaciable,
ya no contentándome la normalidad,
ansío enormemente volver a flotar
y sentir la ingravidez azotar todo mi ser.
Seguiré soñando,
aún cuando el sudor bañe mi frente por el calor de los fogones,
aún cuando mis piernas flaqueen por el cansancio,
aún cuando mi psique esté inmersa en el callejón de la locura,
y mi escuálido cuerpo acabe en desánimo.
Pues el soñar afortunadamente,
es lo único que me permite reconciliarme con la almohada.
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